El arte de documentarse


Fotografía de Jorge Sánchez

Hola de nuevo amig@s!

En esta nueva página retomo el capítulo anterior titulado ARQUEOLOGÍA SUBACUÁTICA, para explicar con más detenimiento en qué consiste su labor.


Hoy toca documentarse y es que veréis, la primera acción que debe realizar el arqueólogo suele estar lejos del mar, en un sitio relajado, con oxigeno a poder ser, como una biblioteca o un archivo. Es fundamental encontrar todas las fuentes de información, escritas y orales, que existan sobre la zona donde se pretende actuar. Por eso aunque nos resulte extraño, el lugar de trabajo de un arqueólogo está también rodeado de libros. La clave está en la paciencia, quien dicen, es la madre de la ciencia...


Os pondré un ejemplo que además, si estáis interesados, podéis visitar. En el Archivo General de Indias de Sevilla, creado en 1785 por el rey Carlos III, se encuentran más de 43.000 legajos con 80 millones de páginas y 8.000 mapas y dibujos. Estos legajos proceden de organismos metropolitanos encargados de la administración de las colonias y entre ellas se pueden encontrar cantidad de referencias sobre pecios que aún no se han localizado. Útil, ¿verdad? Sin embargo, si se pusieran en línea recta recorrerían un total de 8 km. Se trata una cantidad de información desmesurada para cualquier investigador. Por ese motivo vuelcan estos datos provenientes de archivos y bibliotecas en potentes bases de datos informáticas que no solo permiten el almacenamiento de un gran volumen de referencias, sino que también facilitan su recuperación e incluso la consulta de la fuente original.



Fotografía realizada por Alfonso García García

En este sentido, los acontecimientos que han sido relevantes en algún momento han podido dejar sus huellas en la propia toponimia, pudiendo ser decisivo a la hora de encontrar los restos. Que una bahía se llame Rompetimones o La nave perdida puede darnos alguna pista...



Fotografía tomada de mapcarta.com/es/18568430

Además de la información histórica es muy importante recopilar datos proveniente de mapas antiguos. En ellas se puede encontrar información muy valiosa sobre cómo era la costa en un momento determinado, las edificaciones que existían, los pasos especialmente difíciles para la navegación, lugares todos donde hay más probabilidades de encontrar restos arqueológicos. Y es que tal como decía Indiana Jones, la X marca el lugar...



Fotografía de Jorge Sánchez


Afortunadamente, como adelantaba unas líneas más arriba, la era digital ha llegado a la arqueología. Gracias a sistemas de Información Geográficos o SIG, aplicaciones informáticas creadas para recabar gran cantidad de datos asociadas a una posición terrestre. Como en arqueología se necesita documentar tanto en ámbito espacial como temporal son muy útiles ya que permiten determinar el lugar exacto de la Tierra y el período histórico. En estos programas se incluyen datos como la localización de naufragios, lugares peligrosos para la navegación, nombres geográficos del litoral, profundidades, naturaleza del fondo marino u obras marítimas. Todo ello con el objetivo de facilitar a los arqueólogos el análisis y la gestión de una determinada área arqueológica.

Espero que haya sido de utilidad. 

¡Hasta la próxima!

Bibliografía de interés:

GALLARDO ABÁRZUZA Mercedes, Cartografía antigua y moderna, Cuadernos de Arqueología Marina, nº1, Cartagena, 1992








Comentarios

  1. La verdad es que menos mal que la digitalización de documentos ahorra trabajo, no me imagino la labor exhaustiva de búsqueda bibliográfica que tenían que hacer los investigadores en, por ejemplo, los años 60 del siglo XX. Afortunadamente nos ha tocado estudiar en la era de la información jajaja, lo de los 8 km del Archivo General de Indias de Sevilla me ha llamado la atención. Sigue así!

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