Prospectar: quién busca, encuentra

Fotografía de Jorge Sánchez

Ciao!


Hemos llegamos a la fase que los investigadores llaman prospección, que no es otra cosa que ponerse a buscar los restos pero eso sí, sin remover el terreno. En este momento del proceso buscamos un objeto o conjunto de objetos que sabemos que están ahí pero de los que se desconoce su situación exacta. Y claro, localizar algo en el fondo del mar puede llegar a ser tan difícil como encontrar una concha en un arenal. Dependiendo de la extensión de la zona, de la profundidad, del tipo de fondo, de las corrientes marinas o de la visibilidad se puede llevar a cabo un tipo de exploración: intensiva, mediante submarinistas o cámaras de video robotizadas, o extensiva, utilizando sofisticados equipos de teledetección, como el sonar de barrido lateral, el perfilador de sedimentos, la ecosonda multihaz... ¿Ciencia ficción? No, arqueología del siglo XXI.


Prospección Intensiva

Se basa en la observación del terreno por parte de submarinistas y suele usarse después de haber seleccionado una zona donde se sospecha que están los restos. Pero hay que tener en cuenta que la efectividad de esta opción depende de que el tamaño de la zona a explorar sea suficientemente reducido, de la visibilidad y, sobre todo, de la profundidad, ya que a más de 25 metros la inmersión se complica. El buceador puede disponer de un torpedo o planeador para ayudarlo a inspeccionar la zona de forma más fácil y rápida.



En profundidades altas, a partir de 40 metros y para evitar peligros innecesarios a los buceadores, se suelen utilizar cámaras de vídeo submarinas acopladas en robots, conocidos como ROV (abreviatura de Remote Operate Vehicle), que nos dan una visión del fondo marino por control remoto. Hay robots capaces de descender hasta miles de metros de profundidad y están dotados de un brazo mecánico articulado que se controla desde el centro de operaciones situado en el barco. El primer uso arqueológico del robot data de 1989 cuando fue usado para investigar un pecio romano a más de 60 metros de profundidad en el banco de Skerki, en las costas sicilianas.

Prospección Extensiva 

Las técnicas para cartografiar los fondos marinos existen desde hace siglos. Atrás quedan los  tiempos del escandallo, que consistía en un peso (plomada) amarrado a una cuerda graduada, la cual se dejaba caer desde la cubierta del buque hasta tocar el fondo. Así, con mucha, mucha paciencia, los cartógrafos iban comprobando la forma del fondo del océano.



Fotografía extraída de Enseñanzas Náuticas 

Sin embargo, el tiempo ha pasado y las técnicas se han modernizado ya que para encontrar algo en el fondo del mar la precisión es esencial. Por eso, en las modernas exploraciones arqueológicas subacuáticas, es común el empleo del GPS o Sistema de Posicionamiento Global. Este sistema consiste en una red de 30 satélites que orbitan alrededor de la Tierra y que encuentran la posición del receptor por triangulación. Aunque la precisión del sistema es muy alta, para una mayor exactitud, en arqueología submarina se suele usar GPS Diferencial, que además de recibir la señal del cielo, procesa la posición de una estación terrestre para corregir los errores de las señales que se reciben de los satélites.

Otro sistema muy utilizado es el sonar de barrido lateral, consistente en un sensor, que navega remolcado por el barco y va conectado a un registrador. Éste obtiene imágenes del fondo gracias a la emisión de haces de sonido que llegan hasta el fondo y rebotan. Es muy útil para el estudio de texturas y formas, ya que puede llegar a detectar objetos de tan sólo unos centímetros.


Fotografía obtenida de ABC.es

Por otro a los arqueólogos les interesa también saber qué hay debajo del subsuelo marino ya que, normalmente, los objetos quedan enterrados después de un tiempo. Para ello usan el perfilador de suelo, que al igual que el sonar de barrido lateral también emplea haces de sonido pero, en lugar de rebotar en la superficie, penetran en las primeras capas del fondo. Ello da como resultado un perfil con los diferentes estratos o capas de los que está compuesto el lecho marino, dependiendo de la diferente densidad de los materiales. Como los objetos que buscan los arqueólogos tienen una densidad diversa a los materiales que les han cubierto, quedan claramente diferenciados.



Espero que os haya servido para conocer un poco más en profundidad las técnicas de prospección.

¡Un saludo y hasta pronto!

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